Marga. 52 años.
«Llegué al centro Psigma con la esperanza de recobrar la paz interior. Las primeras sesiones fueron muy duras, pero me iba liberando de la mochila que llevaba sobre los hombros. Éste peso me producía la ansiedad y las fobias. Conseguí salir del laberinto con la ayuda de una gran profesional y he conseguido mis objetivos.»